Involucrando a la Comunidad

Dentro de la Congregación: Conversaciones en Grupos Pequeños

El comité de planeación podría organizar dos (o más) sesiones de compartimiento profundo en la congregación: “Reflexionando Sobre Nuestra Comunidad” y “Compartiendo Nuestras Experiencias”. Estas conversaciones pueden llevarse a cabo al principio del proceso de discernimiento o más adelante.

Cada una de estas conversaciones puede comenzar con introducciones y una oración. Acto seguido, el moderador ofrece un resumen de la sesión de una hora. El moderador debería repartir copias de las preguntas o escribirlas en un pizarrón para que estén a la vista.

 Primera Semana: Reflexionando sobre nuestra comunidad

El propósito de esta sesión es compartir información y conocimiento sobre la comunidad en la iglesia u otro entorno, conocerse los unos a los otros más a fondo, y sembrar las semillas de la necesidad de establecer y luchar por la justicia económica. No hay respuestas correctas o incorrectas para estas preguntas; simplemente están diseñadas para despertar reflexión.

Temas Económicos

1.    ¿Cuáles son los problemas económicos que más afectan a su comunidad? (Por ejemplo, falta de vivienda asequible, hambruna, desempleo, subempleo, falta de cuidado infantil asequible, seguro médico, todas las anteriores)

2.    ¿Cuál es la causa principal de estos problemas? (Por ejemplo, cambios en las estructuras económicas, cierre o apertura de fábricas, cambios en la población, cambios a largo plazo en la economía, etc.)

3.    ¿Por qué algunos trabajadores están mal remunerados mientras que otros ganan demasiado?

4.    ¿Es posible que la gente trabaje y aún sea pobre? ¿Por qué?

5.    ¿Cuál es la diferencia entre salario mínimo y salario básico? (El salario mínimo, establecido por el Congreso o la legislatura estatal, es el sueldo más bajo que un empleador puede pagar legalmente, con la excepción de circunstancias especiales. En 2011, el salario mínimo federal es de $7.25 por hora, o $290 por 40 horas semanales. Los estados tienen la potestad de aumentar el salario mínimo. El salario básico es el sueldo necesario para sostener un estándar de vida meramente aceptable, que por lo general ronda los $10 por hora o más. Para más información, lea Let Justice Roll 

6.     ¿Acaso cada trabajador merece recibir el salario básico?

Pobreza

7.    En nuestra comunidad, ¿quienes son los marginados, los que Jesús llamó “los más pequeños”? ¿Son acaso miembros de la iglesia?

8.    ¿Se siente cómoda la gente acudiendo a los bancos de alimentos u otros servicios de caridad para recibir ayuda? ¿Cómo se sentiría si tuviera que buscar comida en un comedor social o un banco de alimentos?

9.    ¿Cómo se siente cuándo ve gente en el supermercado comprando víveres con cupones para alimentos? Hoy día, los cupones a menudo se distribuyen en tarjetas de débito. ¿Facilita esto las cosas? ¿Porqué? ¿Debería poder la gente comprar lo que quiera con cupones?

Trabajar por un Cambio

10.  ¿Te sientes cómodo trabajando en un comedor social o una tienda de beneficencia? ¿Porqué o porqué no?

11.  ¿Te sientes cómodo trabajando para implementar cambios fundamentales en el sistema económico para que no exista la pobreza? ¿Te sientes cómodo participando en una marcha de protesta o visitando a tu representante electoral para hablar de los temas que te preocupan?

12.  ¿Consideras que los temas de justicia pertenecen a la “política”, y que no forman parte de los asuntos y actividades en los que se debe involucrar la iglesia? ¿O crees que estos asuntos están intrínsicamente ligados a nuestro llamado como cristianos?

Las iglesias tienen permiso legal para apoyar u oponerse a ciertos temas o leyes por medio de actividades que incluyen la enseñanza, participar en demostraciones o protestas, cabildear en el Congreso, hacer llamadas a los talk shows, escribir cartas a editores, o solicitar firmas. Las iglesias no pueden apoyar candidatos o sugerirle a la gente que vote a favor o en contra de candidatos.

Para más información, lea la “Guía de Acción Política para Congregaciones y Pastores”  (“Guidelines for Congregations and Clergy on Political Action”)

Segunda Semana: Compartiendo nuestras historias

Podemos aprender acerca del mundo y apoyar a nuestros vecinos escuchando sus historias. Una forma de conocer más a fondo nuestra comunidad es escuchar las historias de la gente que creemos conocer. En la actualidad, más de la mitad de la población total de Estados Unidos vive en condiciones de pobreza en algún momento de la vida. Puede que algunos de nuestros amigos o vecinos vivan en la pobreza o hayan sido pobres en el pasado. Puede que otros no tengan seguro médico o no lo hayan tenido en el pasado. Puede que otros utilicen cupones de alimentos o habiten en viviendas públicas, en la actualidad o en el pasado. Al compartir estas historias, podemos educarnos sobre lo que significa vivir en la periferia de la sociedad. También podemos compartir el dolor que estas personas experimentan durante estas difíciles circunstancias.

Puede que surjan temas delicados durante estas conversaciones. Es importante que el pastor sepa que estas conversaciones se están llevando a cabo. Él o ella podría querer estar presente para ofrecer apoyo pastoral, de ser necesario.

A medida que nos preparamos para compartir profundamente, es buena idea centrarse. Pidan en oración por corazones piadosos y oídos dispuestos a escuchar. Expresen la intención de escuchar historias con amor y gentileza. Antes de comenzar, hablen de la necesidad de mantener la confidencialidad para asegurarle a quienes participen en la conversación que las charlas se llevarán a cabo en confidencia.

La meta de esta sesión es entender que la pobreza y la injusticia son omnipresentes y se manifiestan incluso entre los miembros de su congregación. Desempleo, pobreza, escasez de alimentos, incapacidad para pagar deudas, ejecución de hipoteca e incluso la indigencia no son condiciones ajenas a nuestro diario vivir. Cualquiera de estas trágicas situaciones puede surgir como resultado de temporadas largas (o cortas) de desempleo, enfermedades serias, divorcios o cualquier otra circunstancia adversa. A menudo la gente pobre es igual que nosotros. En algunos casos, somos los pobres. En un mundo rico en abundancias otorgadas por Dios, en un país increíblemente rico, no debe existir la pobreza. Pero las injusticias estructurales crean la pobreza y mantienen a la gente empobrecida. ¿Cómo se siente ser pobre, depender de caridades, preocuparse por alimentar a nuestros hijos y a nosotros mismos?

Preguntas para compartir en grupos pequeños

1.    ¿Cómo me ha afectado la crisis económica de los últimos años?

2.    ¿Cómo han sido afectados los miembros de mi familia y mis amigos?

3.    ¿Acaso mis hijos y nietos tendrán las oportunidades que yo tuve? ¿Cómo me hace sentir eso?

4.    ¿Gozarán mis hijos y nietos de la misma seguridad económica?

5.    ¿Gozo actualmente de seguridad económica? ¿Cómo me siento al respecto?

6.    ¿Cómo ilustran las experiencias de los últimos años el poder de las estructuras injustas?

7.    ¿He estado desempleado/a, sin saber cuándo ni dónde encontraré mi próximo trabajo? ¿Cómo me hizo sentir esa situación?

8.     ¿He sufrido (o mi familia o mis amigos) “inseguridad alimenticia”? ¿He tenido que utilizar cupones de alimentos alguna vez? ¿Cómo me sentí en esas situaciones? ¿Cómo me trataron los demás?

9.    ¿Me he quedado alguna vez sin hogar o he tenido que vivir con familia o amigos para evitar la indigencia? ¿Cómo fue/es la experiencia? ¿Cómo se siente/cómo me sentí? ¿Cómo me trataron los demás? ¿Alguna vez me han desconectado los servicios públicos por que no he podido pagar mis deudas? ¿Cómo sobrelleve la situación? ¿Cómo me sentí?

Luego de compartir, algunos miembros del grupo podrían necesitar sanar las viejas o nuevas heridas y ofrecer apoyo mutuo. Puede que descubramos que las intervenciones son necesarias para aliviar el dolor que hemos compartido.

Terminen la sesión de grupo orando. Oren por quienes sufren y por quienes sufrieron, oren por todos los que han compartido su dolor, oren por un mundo en el que cada persona tiene todo lo que necesita para vivir una vida plena y sagrada según la voluntado de Dios, oren porque el reino de Dios sea en la tierra como es en el cielo.

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Ms. Edith Rasell, Ph.D.
Minister for Economic Justice
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