Moira Spanish

 

Moira

 

 

Es cierto los/as niños/as dicen las cosas más increíbles.  Un día después de una clase de danza Emilia, mi hija de 6 años, me dijo, “¡Mami, adivina qué. Creo que el sueño del Señor King se hizo realidad!” Habíamos  honrado recientemente a Martin Luther King Jr. en la escuela bíblica y Emilia se sentía orgullosa de su mejor amigo afroaméricano. “Lo que te quiero decir es que nos tomamos de la mano y bailamos juntos todo el tiempo.” Qué simple realidad en tan compleja sociedad. Con Dios como nuestro padre, ¿no somos todos/as hermanos y hermanas?

 

Me siento reafirmada en la manera que estoy criando a mi hija e hijo, en una comunidad diversa donde cualquiera puede preguntar lo que quiera –y cuando quiera. La UCC es una familia compuesta de muchas familias. No todas se ven iguales o viven iguales, pero todas intentamos adorar a Dios en iglesias locales que valoran nuestras diferencias como fortalezas. Yo quiero que mi niño y mi niña experimenten ambas. Quiero criar a mis niños en una iglesia acogedora donde podamos encontrar la unidad a través de la diversidad.

 

La UCC tiende también a ir a la vanguardia en muchos asuntos sociales –a menudo incluso antes que la sociedad esté lista para hacer lo mismo. Desde trabajar para liberar a los cautivos de La Amistad en los 1800 hasta el trabajo para liberar a  los Diez de Wilmington en 1973, los antepasados de la UCC han estado en la primera línea nacional y regional de la igualdad racial. Muchas de nuestras iglesias proporcionaron los cimientos del Movimiento por los Derechos Civiles. Quiero que mis hijos ayuden a conducir a su generación hacia la justicia social. La iglesia en la que yo crecí no hacía estudios bíblicos ni ordenaba a mujeres como pastoras. Es importante para mí criar a mi hijo e hija en una iglesia donde las mujeres son pastoras y el lenguaje es neutral en términos de género en nuestros himnos.

 

En la UCC, las acciones y las palabras suenan claras y afectuosas. Este cariño y compromiso son tan claramente comunicados en cada bautismo, cuando declaramos a cada nuevo/a miembro/a “Prometemos cuidarte con amor y afecto”. Construimos una comunidad a través de nuestras palabras y construimos unidad por medio de nuestras acciones.

 

Es reconfortante saber que existen servicios para mis hijos, mi marido y para mi misma a medida que vamos madurando. Como madre y esposa, siento seguridad, comodidad y fe al saber que esto existe. He aprendido tanto sobre mi fe viendo como se desarrolla la de ellos. La fe y la compasión que mis hijos expresan es tan natural –es casi como si estuviera en sus huesos – y esto me hace sentir más confianza y seguridad en mis propias relaciones.

 

Cada padre y madre se preocupa de criar a sus hijos bien y, cada niño/a, inevitablemente, desarrollará opiniones diferentes de las de sus padres. En la UCC tenemos un compromiso con esas diferencias. Es como si los padres e hijos hacen un pacto de aprender los unos de los otros. La iglesia ayuda a nuestra familia a entender el cambio y, a menudo a abrazarlo. I Juan 3:18 nos dice: “Hijitos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabra, sino que se demuestre con hechos.” Todos/as debemos actuar y hablar en la verdad y la devoción. Confío en que mis niños tendrán un sentido  de pertenencia en la iglesia. Espero oír más cosas “increíbles” a medida que ellos crecen. Sé que mi iglesia lo hará, también.

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