Dick Spanish

 

Dick

 

 

¡Alguien tiene que contar los frijoles! …y ese alguien también cuenta. Está bien. Ríanse de mí. Yo soy el necio que está detrás de los libros y los recibos. Por suerte tengo buen sentido del humor y un buen sentido de lo que puedo hacer por la iglesia. No todos somos llamados para ser pastores/as o dirigir el estudio bíblico, mas todos/as somos llamados/as para hacer algo.

 

“Una persona puede recibir diferentes dones, el que los concede es el mismo Espíritu. …Dios da a cada uno alguna prueba de la presencia del Espíritu, para provecho de todos” –I Corintios 12: 4,7.

 

Yo no espero que nuestro pastor sea un contable así como tampoco  yo espero ser un pastor, pero mi iglesia me hace sentir como si el rol de cada uno fuera igualmente importante. Yo hago lo que mejor sé hacer para que otros/as hagan lo que hacen mejor –¡con un techo arriba de nuestras cabezas y muros alrededor nuestro! Todos/as hemos visto esos escándalos en los noticieros sobre malversación en las iglesias. ¿Quién quiere que su iglesia sea la próxima ? La mala administración financiera sólo deja los/as líderes y miembros/as con un sentimiento de frustración, decepción, vergüenza y dolor. Yo quiero aportar para que nos sintamos protegidos/as hoy y seguros/as en el futuro. Toda iglesia necesita  de alguien que vele por sus finanzas para que todos/as podamos ver la iglesia crecer con seguridad y en comunidad. Muchas iglesias UCC tienden a pensar por adelantado. Cuando mi propia iglesia comenzó a crecer, nuestro sistema financiero no estaba realmente preparado para crecer con ella. En vez de quedarme en la frustración, dí un paso adelante y empecé a servir como tesorero. No sólo llevo los libros  de contabilidad, sinó que también ayudé a crear nuevos sistemas para administrar nuestro dinero y financiar nuestros servicios de manera que sean consistentes con nuestra misión.

 

A veces podemos vislumbrar el Reino de Dios cuando nos reunimos alrededor de la mesa de la comunión. A esa mesa nos llevamos nosotros/as mismos/as, nuestros recursos e incluso nuestras “imperfecciones”. Nuestros/as miembros/as dan generosamente. A veces algunos/as miembros/as quieren financiar de manera específica algún proyecto que es especial para ellos/as y yo tengo el compromiso de asegurar que su ayuda vaya hasta donde usted vea que es necesaria. Cuando usted da a la iglesia, yo trabajo para ofrecer tranquilidad de mente. Como en cualquier negocio u organización, la salud de nuestras finanzas no sólo involucra el monitoréo de nuestros impuestos, seguros y seguridad social, sinó también el manejo de la contabilidad, pagos de salarios y mantenimiento preventivo. Pero al contrario de muchos negocios u organizaciones, la salud de nuestras finanzas ayudan a nuestra  iglesia en la medida en que nos esforzamos para llevar adelante el Reino de Dios prometido. Como “hombre de números”, por supuesto que tengo un sentido de satisfacción en lo que logro, pero como miembro de la iglesia, siento el sentido del llamado, devoción y deber. Yo siento que cuento.

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