Brooke Spanish

 

Brooke

 

 

En mi iglesia, bautizamos a niños/as y adultos/as en presencia de toda la congregación. La congregación no sólo observa, tiene la oportunidad de ponerse de pie y hacer una promesa a la persona que está siendo bautizada diciendo, “Te prometemos amor, apoyo y cuidado”. Cuando yo declare abiertamente  que era homosexual, pude comprobar que mantuvo sus promesas. Para mí, eso es importante.

 

Muchos de mis amigos no tuvieron la suerte de recibir tanto amor incondicional de parte de la comunidad de sus iglesias –o de sus familias en ese respecto. Así es que para muchas personas que se identifican como homosexuales, lesbianas, bisexuales ó transgéneros, la iglesia y la sexualidad no siempre van de la mano. Su propio bagaje bíblico les aleja de su relación con Dios.

 

Yo salí en un tiempo cuando identidad, comunidad y política se cruzaban. A veces me sorprendí gritandole en las calles al mismo líder cívico que tendría  sentado calmadamente frente a mí al día siguiente en una reunión. Llámeme esquizofrénico, o sólo llámeme devoto.  En mi iglesia  he aprendido que por medio de pactos creamos diálogo y cambios. Lo hacemos diciendo lo que pensamos y alzando la voz por otros/as. En la UCC, podrá encontrar mucha gente para la que comprometerse con la misión de Dios es estar en el frente en la lucha por la justicia social. Hay otros/as que no. No siempre estamos todos/as de acuerdo, pero somos personas dispuestas a oír y aprender.

 

Ya se te ha dicho lo que es bueno y lo que el Señor te exige: tan sólo que practiques la justicia, que seas amigo de la bondad y te portes humildemente con tu Dios.” Miqueas 6:8.

 

El mundo no es perfecto –tampoco yo lo soy – pero he descubierto que si la injusticia social es lo que me motiva, es mi iglesia la que me inspira a hacer algo al respecto. Como puede ver, ahora me doy cuenta que un pacto  requiere una relación especial entre Dios, la gente y la manera de relacionarse entre sí. Es cierto que la manera que yo amo puede no ser la misma en que usted lo hace, pero mi relación con Dios es probablemente muy parecida a la suya.

 

“Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor, y el que vive en el amor, vive en Dios y Dios en él.” I Juan 4:16.

 

Mi amor a Dios me ayuda a amarme a mí mismo y me impulsa a la tarea de amar a otros/as. Hoy día soy un fiduciario en mi iglesia y tengo la oportunidad de expresar amor de muchas maneras diferentes. El amor a veces se presenta en la creación de un presupuesto justo, en otros momentos en una protesta, o en otras acciones en la vida de la iglesia, mas es amor, nada más ni nada menos.

 

Ahora, cada vez que un bebé o adulto/a es bautizado/a en nuestra comunidad y nos ponemos de pie y decimos, “Prometemos amarte, apoyarte y cuidarte”, imagino el día que mi iglesia me dijo esas palabras a mí cuando yo fui bautizado –aún cuando era muy joven como para entenderlo. Pienso en las formas en que mi iglesia ha cumplido su promesa y cómo extiende algunas de ellas. Cierro mis ojos y hago la misma promesa a las generaciones venideras, sabiendo lo importante que será para algunos/as de ellos/as el mantener aquella promesa.

 

Una de las formas en las que mantengo la promesa es recordando, pero más que todo trabajando por la justicia.

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