Bernie Spanish

 

Bernie and Molly

 

 

Dicen que la unión hace la fuerza y que las cosas buenas vienen en frascos pequeños. Crecer en la Iglesia Unida de Cristo  me ha enseñado ambas cosas.

 

Supongo que se puede decir que fui precoz. Siempre fui más alto y fuerte que los chicos de mi edad, así cada vez que se necesitaba una mano –o un músculo- ¿adivine a quién llamaban?  Cada domingo en la iglesia, junto con otros muchachos, me convertí en el ascensor no oficial. Esta iglesia fue construida en el siglo XIX con muchas sillas, y un ascensor eléctrico no estaba en el horizonte en ese momento, hasta que Lynn llegó.

 

Lynn era una miembra de nuestra iglesia quien recientemente había tenido que acostumbrarse a una vida en una silla de ruedas.  Nuestra iglesia aún no lo hacía. Por lo tanto, los muchachos y yo nos turnábamos para levantar a Lynn en su silla de ruedas y así subir los viejos peldaños de la iglesia. Por supuesto que esto no era algo que yo ansiara hacer, pero era algo que yo sabía que debía hacer.

 

Nunca supe de verdad cuán importante era mi trabajo hasta que un domingo no asistí a la iglesia. Cuando regresé la semana siguiente, resultó ser que otros muchachos tampoco habían asistido. Me rompió el alma cuando oí que Lynn no pudo subir esos peldaños y tuvo que regresar a casa.

 

En ese momento descubrí lo importante que era mi servicio para la iglesia. Entendí el valor que tiene el servicio de cada persona para llevar a cabo la misión de la congregación. Cada miembro/a tiene su propósito en la iglesia. La comunión nos recuerda que todos/as tenemos un espacio.

 

Hoy, aún cuando mi trabajo como jefe de seguridad para la autoridad de transportación de mi ciudad me mantiene muy ocupado, nunca estoy tan ocupado como para no servir en la iglesia. Probablemente he ocupado todos los puestos en la iglesia, desde fiduciario hasta moderador, y nunca olvido a quien pueda necesitar mi ayuda.

 

Lynn debe haber sentido que yo estaba muy ocupado – o también – muy cansado. Ella terminó organizando bazares para poder instalar la silla de elevación eléctrica que ella y la iglesia necesitaban.

 

No tenia la menor idea de cuánto iba a necesitar esa silla hasta un día. Mi hija nació con parálisis cerebral, y ahora ella usa la misma silla con levantador eléctrico que Lynn ayudó a conseguir. Cada domingo Molly se desliza en una iglesia donde es querida y aceptada. Yo sé que aquí existe una comunidad para apoyarla y eso me hace querer retribuir aún más. Dios llama a todas las personas. Es nuestra misión ser una bendición para otros/as como Dios lo ha sido para nosotros/as. A través de la iglesia, mi familia se siente aceptada, nutrida y querida –nos sentimos completos/as.

 

¿Quién sabe?, tal vez Molly será la siguiente Lynn y creará toda una nueva campaña para ayudar a otros/as físicamente retados/as. Y quién sabe qué desafíos nos esperan para nuestra iglesia y  para cada uno/a de nosotros/as. Espero poder ayudar al siguiente joven que quiera brindar una mano solidaria. Tal vez ya no necesitemos muchachos fuertes para subir a alguien por las escaleras como solíamos hacerlo, mas siempre necesitamos de personas fuertes, sin importar lo grande o pequeñas o jóvenes o viejas que sean, para levantar el espíritu de alguien.

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